Me han detectado hígado graso: ¿qué debo hacer ahora?

Me han detectado hígado graso: ¿qué debo hacer ahora?

El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, es un hallazgo cada vez más frecuente. En muchas ocasiones se descubre de forma inesperada al realizar una ecografía abdominal o una analítica por otro motivo.

Cuando esto ocurre, es normal preguntarse: ¿es grave tener hígado graso?, ¿necesito hacerme más pruebas?, ¿puede evolucionar a cirrosis?, ¿tiene tratamiento?

La respuesta no es igual para todos los pacientes. Tener grasa en el hígado no significa necesariamente tener una enfermedad hepática grave. Lo más importante es determinar por qué se ha producido, si existe fibrosis hepática y cuál es el riesgo de progresión.

¿Qué significa tener hígado graso?

El hígado graso se produce cuando existe una acumulación excesiva de grasa en las células del hígado.

Actualmente, cuando esta acumulación se asocia a factores de riesgo cardiometabólico como sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión o alteraciones del colesterol y los triglicéridos, hablamos de MASLD (enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica).

En muchas personas la enfermedad permanece estable durante años. Sin embargo, en algunos pacientes puede aparecer inflamación y daño de las células hepáticas, situación denominada MASH (esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica), y desarrollarse progresivamente fibrosis hepática.

La fibrosis es la formación de tejido cicatricial en el hígado. Cuando progresa durante años puede alcanzar fases avanzadas y, finalmente, producir cirrosis y sus complicaciones.

Por este motivo, cuando se diagnostica hígado graso, no solo importa saber que existe grasa: es especialmente importante determinar si existe fibrosis y cuál es su grado.

El hígado graso no es solo un problema del hígado

Este es uno de los conceptos más importantes para comprender esta enfermedad.

El hígado está estrechamente relacionado con el metabolismo del resto del organismo. El sobrepeso y la obesidad, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina, el colesterol o los triglicéridos elevados y la hipertensión arterial aparecen frecuentemente asociados al hígado graso.

Además, la MASLD se relaciona estrechamente con el riesgo cardiovascular, por lo que su valoración no debería limitarse únicamente a comprobar las transaminasas o repetir periódicamente una ecografía.

También es importante valorar el consumo de alcohol, los medicamentos que toma el paciente y otras posibles causas de enfermedad hepática cuando la situación clínica lo requiera.

El objetivo es realizar una valoración global, identificar los factores que han favorecido la aparición de la enfermedad y, especialmente, determinar qué pacientes presentan mayor riesgo de desarrollar fibrosis avanzada.

¿Cómo sabemos si un hígado graso tiene fibrosis?

La valoración comienza con la historia clínica, una analítica y la revisión de las pruebas realizadas previamente.

A partir de estos datos pueden calcularse índices no invasivos, como el FIB-4, que ayudan a estimar el riesgo de fibrosis y decidir qué pacientes necesitan estudios adicionales.

Cuando está indicado, una de las herramientas que podemos utilizar para estudiar el hígado con mayor precisión es el FibroScan.

¿Qué es un FibroScan y para qué sirve?

El FibroScan es una prueba rápida y no invasiva que permite obtener información sobre la rigidez y la cantidad de grasa del hígado.

Mediante una técnica denominada elastografía mide la rigidez hepática, un parámetro que permite estimar de forma no invasiva la probabilidad de fibrosis y que debe interpretarse junto con la historia clínica, la analítica y el resto de las pruebas.

Además, permite obtener una estimación de la esteatosis hepática, es decir, de la acumulación de grasa en el hígado.

Es una exploración indolora, sin agujas y sin radiación, que habitualmente dura solo unos minutos.

En pacientes con hígado graso, el FibroScan puede ayudar a diferenciar a aquellos con bajo riesgo de fibrosis avanzada de quienes necesitan una valoración, tratamiento o seguimiento más estrechos.

¿Cuál es el tratamiento del hígado graso?

El tratamiento debe adaptarse a las características de cada paciente y al grado de enfermedad hepática.

Cuando existe sobrepeso u obesidad, la pérdida de peso constituye uno de los pilares fundamentales del tratamiento. Una pérdida de peso suficiente y mantenida puede mejorar la cantidad de grasa acumulada en el hígado y, en determinados pacientes, la inflamación y la fibrosis.

También son fundamentales:

  • Una alimentación saludable, preferentemente siguiendo un patrón de dieta mediterránea.
  • Actividad física regular.
  • Control adecuado de la diabetes.
  • Tratamiento de la hipertensión.
  • Control del colesterol y los triglicéridos.
  • Evitar el tabaco.
  • Valorar y limitar el consumo de alcohol según la situación individual.

Pero actualmente el tratamiento del hígado graso no se limita simplemente a recomendar dieta y ejercicio.

Tratamiento farmacológico, GLP-1 y pérdida de peso

En pacientes con sobrepeso, obesidad o diabetes tipo 2, el tratamiento farmacológico puede formar parte del abordaje cuando está indicado.

Los agonistas del receptor GLP-1 y otras terapias incretínicas pueden conseguir pérdidas de peso clínicamente relevantes y mejorar diferentes parámetros metabólicos y hepáticos. Algunos de estos tratamientos han demostrado además beneficios específicos en pacientes con MASH.

La elección del tratamiento debe realizarse de forma individualizada teniendo en cuenta el peso, la presencia de diabetes, el riesgo cardiovascular, la situación hepática y las indicaciones autorizadas para cada medicamento.

En determinados pacientes también pueden plantearse otras estrategias para el tratamiento de la obesidad, incluyendo procedimientos endoscópicos o cirugía bariátrica, cuando estén indicados.

¿Existen tratamientos específicos para la fibrosis?

El tratamiento de la MASH ha cambiado de forma importante en los últimos años.

Actualmente existen tratamientos farmacológicos específicamente dirigidos a determinados pacientes con MASH y fibrosis hepática significativa.

Entre ellos se encuentra resmetirom, indicado en pacientes adultos seleccionados con MASH no cirrótica y fibrosis moderada o avanzada.

Estos tratamientos no están indicados para todas las personas con hígado graso. Su utilización depende, entre otros factores, del grado de fibrosis y de las características individuales del paciente.

Precisamente por ello, la estratificación del riesgo de fibrosis se ha convertido en una parte fundamental de la valoración del hígado graso.

No todos los pacientes con hígado graso tienen el mismo riesgo

Dos personas pueden tener hígado graso en una ecografía y encontrarse en situaciones completamente diferentes.

Una puede presentar esteatosis sin fibrosis significativa y tener un riesgo bajo de enfermedad hepática avanzada.

Otra puede tener MASH y fibrosis significativa sin presentar prácticamente ningún síntoma.

Por eso, el objetivo no debería ser únicamente confirmar que existe grasa en el hígado, sino responder a tres preguntas:

¿Por qué tengo hígado graso?
¿Existe fibrosis?
¿Qué puedo hacer para evitar que progrese?

¿Cuándo debería consultar si me han diagnosticado hígado graso?

Puede ser recomendable realizar una valoración específica cuando el hígado graso aparece en una ecografía u otra prueba de imagen, especialmente si además existe:

  • Sobrepeso u obesidad.
  • Diabetes tipo 2.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol o triglicéridos elevados.
  • Alteraciones persistentes de las transaminasas u otras pruebas hepáticas.
  • Antecedentes de enfermedad hepática.
  • Consumo de alcohol que pueda contribuir al daño hepático.

También puede ser conveniente valorar el riesgo aunque las transaminasas sean normales, ya que unas transaminasas normales no excluyen por sí solas la presencia de fibrosis significativa.

Valoración del hígado graso y FibroScan

En mi consulta realizo, cuando está indicado, una valoración específica del hígado graso junto con FibroScan en la misma visita.

De esta forma podemos integrar los antecedentes médicos, los factores de riesgo metabólico, las analíticas y ecografías previas con una valoración no invasiva de la esteatosis y del riesgo de fibrosis hepática.

Al finalizar la consulta, explicamos los resultados y establecemos un plan individualizado de tratamiento y seguimiento según la situación de cada paciente.

Para realizar el FibroScan es recomendable acudir con al menos 3 horas de ayuno y aportar las analíticas, ecografías e informes médicos previos disponibles.

Si te han detectado hígado graso y quieres conocer el estado de tu hígado y tu riesgo de fibrosis, puedes reservar una valoración de hígado graso con FibroScan.

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Dr. Antonio Ortega Sabater
Especialista en Aparato Digestivo

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    Reflujo gastroesofágico: síntomas, diagnóstico y tratamiento

    El reflujo gastroesofágico es una de las consultas más frecuentes en digestivo. Se produce cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago, provocando acidez o ardor. Aunque puede parecer un problema leve, cuando los síntomas son continuos afectan a la calidad de vida e incluso pueden causar complicaciones.

    ¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

    El reflujo ocurre cuando la válvula que separa el esófago del estómago (esfínter esofágico inferior) no cierra adecuadamente. Esto permite que el ácido del estómago suba, irritando la mucosa del esófago.

    Muchas personas tienen episodios ocasionales de reflujo, pero cuando los síntomas son frecuentes hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

    Síntomas del reflujo gastroesofágico

    Los síntomas más habituales son:

    • Ardor o quemazón detrás del esternón, sobre todo tras las comidas.

    • Regurgitación de alimentos o líquidos.

    • Sensación de nudo en la garganta o dificultad para tragar.

    • Tos crónica, ronquera o carraspeo (especialmente de noche).

    • Dolor torácico que a veces se confunde con problemas cardíacos.

    Si estos síntomas son frecuentes (más de 2–3 veces por semana) es recomendable una valoración médica.

    Causas y factores de riesgo del reflujo

    El reflujo puede aparecer por múltiples factores, entre ellos:

    • Hernia de hiato.

    • Sobrepeso u obesidad.

    • Tabaco y alcohol.

    • Dieta rica en comidas grasas, fritos, chocolate, café o bebidas con gas.

    • Comer en exceso o acostarse justo después de las comidas.



    Diagnóstico del reflujo gastroesofágico

    El diagnóstico se basa en la historia clínica y, en muchos casos, en una gastroscopia, que permite ver si hay inflamación (esofagitis) o complicaciones como úlceras.

    En casos específicos también se realizan pruebas funcionales:

    • pHmetría esofágica: mide la cantidad de ácido que sube al esófago.

    • Manometría esofágica: valora la función del esfínter esofágico.

    Tratamiento del reflujo

    El tratamiento suele ser escalonado:

    1. Cambios en los hábitos y dieta

      • Evitar comidas copiosas, grasas, fritos, alcohol, café y chocolate.

      • No acostarse justo después de comer.

      • Elevar la cabecera de la cama.

      • Mantener un peso saludable.

    2. Tratamiento farmacológico
      Los medicamentos más usados son los inhibidores de la bomba de protones (IBP), que reducen la producción de ácido y permiten que el esófago cicatrice.

    3. Tratamientos endoscópicos o quirúrgicos
      En casos seleccionados, cuando la medicación no es suficiente, existen técnicas mínimamente invasivas o cirugía para reforzar el esfínter esofágico y controlar el reflujo.

    Prevención y consejos prácticos

    Algunos gestos cotidianos ayudan mucho a controlar el reflujo:

    • Comer despacio y masticar bien.

    • Evitar ropa muy ajustada tras las comidas.

    • No fumar ni abusar del alcohol.

    • Mantener una buena higiene del sueño (no cenar tarde ni en exceso).

    Cuándo acudir al especialista

    Si tienes ardor frecuente, regurgitación, tos crónica o dificultad al tragar, es importante una valoración por digestivo. Un diagnóstico precoz evita complicaciones como esofagitis, úlceras o el llamado esófago de Barrett.

    En consulta valoraremos tu caso y te indicaremos las pruebas y el tratamiento más adecuado.

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