
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba principalmente dos enfermedades crónicas: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.
Ambas se caracterizan por una inflamación del aparato digestivo que puede alternar periodos de actividad —denominados brotes— con periodos de remisión.
Aunque actualmente son enfermedades crónicas, los avances en el diagnóstico, la monitorización y los tratamientos disponibles permiten conseguir un buen control de la enfermedad en muchos pacientes y reducir el riesgo de complicaciones.
¿Qué es la colitis ulcerosa?
La colitis ulcerosa produce inflamación de la mucosa del colon.
La enfermedad comienza habitualmente en el recto y puede extenderse de forma continua hacia otras zonas del colon. Su extensión es variable: algunos pacientes presentan únicamente afectación del recto, mientras que en otros puede estar afectado gran parte o todo el colon.
Los síntomas más frecuentes son:
Diarrea.
Sangre y/o moco en las heces.
Urgencia para defecar.
Aumento de la frecuencia de las deposiciones.
Dolor o molestias abdominales.
Cansancio.
En los brotes más intensos pueden aparecer fiebre, anemia, pérdida de peso y deterioro del estado general.
¿Qué es la enfermedad de Crohn?
La enfermedad de Crohn puede afectar a cualquier segmento del aparato digestivo, aunque es especialmente frecuente en el íleon —la parte final del intestino delgado— y el colon.
A diferencia de la colitis ulcerosa, la inflamación puede aparecer de forma discontinua, dejando zonas sanas entre segmentos afectados, y puede comprometer las diferentes capas de la pared intestinal.
Los síntomas dependen de la localización y el comportamiento de la enfermedad y pueden incluir:
Dolor abdominal.
Diarrea persistente.
Pérdida de peso.
Cansancio.
Fiebre durante determinados brotes.
Anemia.
Fístulas o abscesos, especialmente en la región perianal.
En algunos pacientes pueden aparecer estenosis, es decir, estrechamientos del intestino que pueden dificultar el paso del contenido intestinal.
¿Por qué aparece la enfermedad inflamatoria intestinal?
No existe una única causa.
Actualmente se considera que la EII aparece como consecuencia de una interacción compleja entre:
Predisposición genética.
Sistema inmunitario.
Microbiota intestinal.
Barrera intestinal.
Diferentes factores ambientales.
El tabaco tiene una relación especialmente importante con la enfermedad de Crohn y se asocia a una evolución más desfavorable.
La microbiota constituye un área importante de investigación, pero actualmente no puede explicarse la EII simplemente como consecuencia de una «disbiosis» ni diagnosticarse mediante los test comerciales habituales de microbiota.
¿Cómo se diagnostica la EII?
No existe una única prueba que permita diagnosticar todos los casos.
El diagnóstico se establece combinando la historia clínica con diferentes exploraciones.
Dependiendo de cada paciente pueden utilizarse:
Analítica de sangre.
Análisis de heces.
Calprotectina fecal, como marcador no invasivo de inflamación intestinal.
Colonoscopia con ileoscopia y toma de biopsias.
Resonancia magnética intestinal.
Ecografía intestinal en centros con experiencia.
TAC en determinadas situaciones.
Cápsula endoscópica en pacientes seleccionados.
La elección de las pruebas depende de los síntomas y de la sospecha clínica.
Es importante diferenciar la EII de otras causas de diarrea, dolor abdominal o sangrado intestinal.
Calprotectina fecal y seguimiento
La calprotectina fecal es una herramienta especialmente útil en la enfermedad inflamatoria intestinal.
Su determinación puede ayudar tanto en el diagnóstico diferencial como en el seguimiento de pacientes ya diagnosticados.
Una de sus ventajas es que permite obtener información sobre la actividad inflamatoria intestinal de manera no invasiva.
Sin embargo, una calprotectina elevada no diagnostica por sí sola una enfermedad de Crohn o una colitis ulcerosa y debe interpretarse junto con los síntomas, los antecedentes y el resto de las pruebas.
Tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal
El objetivo actual del tratamiento no consiste únicamente en mejorar los síntomas.
También buscamos controlar la inflamación, conseguir y mantener la remisión, prevenir el daño intestinal y reducir el riesgo de complicaciones y cirugía.
El tratamiento debe individualizarse según el tipo de enfermedad, su extensión, gravedad, comportamiento, tratamientos previos y características de cada paciente.
Mesalazina
Los 5-aminosalicilatos, especialmente la mesalazina, tienen un papel importante en determinados pacientes con colitis ulcerosa, especialmente en formas leves o moderadas.
Su utilidad en la enfermedad de Crohn es mucho más limitada.
Corticoides
Los corticoides pueden utilizarse para controlar determinados brotes activos.
Sin embargo, no son adecuados como tratamiento de mantenimiento a largo plazo debido a sus efectos adversos.
Uno de los objetivos del tratamiento moderno de la EII es precisamente conseguir una remisión mantenida sin necesidad de corticoides.
Inmunomoduladores
Fármacos como las tiopurinas pueden utilizarse en situaciones seleccionadas, aunque su papel ha evolucionado con la aparición de nuevas terapias.
Su indicación debe individualizarse teniendo en cuenta beneficios, riesgos y otras alternativas disponibles.
Terapias avanzadas
Actualmente disponemos de diferentes familias de tratamientos dirigidos a mecanismos específicos de la inflamación.
Entre ellos se encuentran:
Fármacos anti-TNF.
Anti-integrinas, como vedolizumab.
Tratamientos dirigidos contra determinadas interleucinas, como ustekinumab y los fármacos dirigidos frente a IL-23.
Inhibidores de JAK.
Moduladores del receptor S1P en determinadas indicaciones.
La elección entre estas terapias no depende únicamente de que la enfermedad sea «moderada o grave». Se tienen en cuenta numerosos factores, como el tipo y localización de la EII, factores de mal pronóstico, tratamientos previos, manifestaciones extraintestinales, otras enfermedades del paciente, seguridad y preferencias individuales.
Monitorización: tratar más allá de los síntomas
Una persona con EII puede encontrarse clínicamente bien y mantener todavía cierto grado de inflamación intestinal.
Por ello, el seguimiento moderno no se basa únicamente en preguntar si existen síntomas.
Dependiendo de cada caso pueden utilizarse:
Analíticas.
Calprotectina fecal.
Colonoscopia.
Pruebas de imagen.
El objetivo es comprobar que la inflamación está realmente controlada y adaptar el tratamiento cuando sea necesario.
¿Cuándo puede ser necesaria la cirugía?
La cirugía continúa teniendo un papel importante en determinados pacientes.
Puede ser necesaria ante complicaciones como:
Estenosis intestinales.
Fístulas.
Abscesos.
Obstrucción intestinal.
Perforación.
Hemorragia grave.
Enfermedad que no responde adecuadamente al tratamiento médico.
Determinadas lesiones precancerosas o cáncer.
En la enfermedad de Crohn, la cirugía no significa necesariamente que la enfermedad esté curada, por lo que puede ser necesario continuar con seguimiento y tratamiento después de la intervención.
Alimentación y estilo de vida
No existe una única «dieta para la EII» válida para todos los pacientes.
La alimentación debe adaptarse al estado nutricional, la actividad de la enfermedad, la existencia de estenosis u otras complicaciones y la tolerancia individual.
Es importante evitar restricciones alimentarias innecesarias que puedan favorecer déficits nutricionales.
En pacientes con enfermedad de Crohn, dejar de fumar es especialmente importante, ya que el tabaco se relaciona con una peor evolución de la enfermedad.
La actividad física, el descanso y el bienestar psicológico también forman parte del cuidado integral del paciente.
Manifestaciones fuera del intestino
La EII no afecta exclusivamente al aparato digestivo.
Algunos pacientes pueden presentar manifestaciones en:
Articulaciones.
Piel.
Ojos.
Hígado y vías biliares.
Su presencia puede influir en la elección del tratamiento y en ocasiones requiere una valoración conjunta con otras especialidades.
EII y riesgo de cáncer colorrectal
Determinados pacientes con afectación del colon de larga evolución presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.
El riesgo depende de diferentes factores, entre ellos:
Duración de la enfermedad.
Extensión de la afectación del colon.
Grado y persistencia de la inflamación.
Antecedentes familiares.
Presencia de determinadas enfermedades asociadas, como la colangitis esclerosante primaria.
Por este motivo, algunos pacientes necesitan programas específicos de vigilancia mediante colonoscopia, cuya frecuencia se individualiza según el nivel de riesgo.
¿Cuándo acudir al especialista?
Es recomendable realizar una valoración digestiva ante síntomas como:
Diarrea persistente.
Sangre en las heces.
Dolor abdominal recurrente.
Pérdida de peso no intencionada.
Anemia.
Fiebre sin causa clara asociada a síntomas intestinales.
Lesiones o supuración recurrente alrededor del ano.
Estos síntomas pueden deberse a muchas enfermedades distintas de la EII, pero cuando persisten requieren una valoración adecuada.
En pacientes ya diagnosticados, el seguimiento periódico permite valorar la actividad inflamatoria, comprobar la respuesta al tratamiento y prevenir complicaciones.
El objetivo actual del tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal es conseguir un control sostenido de la inflamación y preservar la calidad de vida a largo plazo.
Dr. Antonio Ortega Sabater
Especialista en Aparato Digestivo