Cuidando tu Universo Interior: Guía para una Flora Intestinal Saludable

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En mis años de práctica como médico especialista en el aparato digestivo, he sido testigo de un creciente interés por una parte fundamental de nuestro organismo, a menudo subestimada: la flora intestinal. Lejos de ser un simple conjunto de bacterias, este complejo ecosistema que reside en nuestros intestinos, conocido científicamente como microbiota intestinal, es un verdadero universo interior que desempeña un papel crucial en nuestra salud general.

Desde mi consulta, quiero compartir con ustedes no solo la importancia de cuidar de estos pequeños inquilinos, sino también ofrecerles una guía práctica y accesible para nutrirlos y mantenerlos en equilibrio. Porque una flora intestinal sana es sinónimo de digestiones más ligeras, un sistema inmunitario más fuerte y, en definitiva, un mayor bienestar.

El Fascinante Mundo de tu Microbiota: ¿Por Qué es tan Importante?

Imagina tu intestino como una bulliciosa ciudad habitada por billones de microorganismos. Esta «ciudad» no solo nos ayuda a digerir alimentos que nuestro cuerpo por sí solo no puede procesar, sino que también es responsable de:

  • Producir vitaminas esenciales: Como la vitamina K y algunas del complejo B.

  • Entrenar a nuestro sistema inmunitario: Una flora diversa y equilibrada ayuda a nuestras defensas a distinguir entre amigos y enemigos.

  • Proteger contra patógenos: Actúa como una barrera, impidiendo que bacterias dañinas colonicen nuestro intestino.

  • Influir en nuestro estado de ánimo: Existe una conexión directa y fascinante entre el intestino y el cerebro, conocida como el eje intestino-cerebro. Una microbiota sana puede contribuir a una mejor salud mental.

Cuando este delicado equilibrio se rompe, lo que conocemos como disbiosis, pueden aparecer problemas digestivos como hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea, e incluso se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.

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Manos a la Obra: Cómo Mimar tu Flora Intestinal

La buena noticia es que tenemos un poder inmenso para influir positivamente en nuestra microbiota a través de nuestras elecciones diarias. Aquí te presento los pilares fundamentales para cuidarla:

1. Alimenta a tus Bacterias Buenas: Prebióticos y Probióticos
  • Probióticos: Son los «soldados» buenos, microorganismos vivos que, consumidos en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a nuestra salud. Los encuentras en alimentos fermentados como:

    • Yogur natural y kéfir: Busca aquellos sin azúcares añadidos.

    • Chucrut y kimchi: Versiones fermentadas de la col con un gran poder probiótico.

    • Kombucha: Una bebida fermentada a base de té.

    • Encurtidos: Pepinillos, aceitunas y otras verduras en salmuera.

  • Prebióticos: Son el «alimento» de tus bacterias buenas. Se trata de un tipo de fibra que nuestro cuerpo no digiere, pero que a nuestra microbiota le encanta. Aumenta el consumo de:

    • Ajo, cebolla, puerros y espárragos.

    • Plátanos, especialmente si no están muy maduros.

    • Alcachofas.

    • Legumbres como lentejas y garbanzos.

    • Cereales integrales como la avena y la cebada.

2. La Fibra, tu Gran Aliada

Una dieta rica en fibra, proveniente de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, es esencial. La fibra no solo actúa como prebiótico, sino que también promueve la regularidad intestinal y ayuda a mantener un peso saludable.

3. Hidratación: El Río de la Vida Intestinal

Beber suficiente agua a lo largo del día es fundamental para que la fibra haga su trabajo correctamente y para mantener una buena salud digestiva en general.

4. Más Allá de la Dieta: Hábitos que Cuentan
  • Muévete: La actividad física regular no solo es buena para tu corazón y tus músculos, sino que también favorece la diversidad de tu microbiota.

  • Controla el estrés: El estrés crónico puede tener un impacto negativo en tu flora intestinal. Prácticas como la meditación, el yoga o simplemente dedicar tiempo a actividades que disfrutas pueden marcar la diferencia.

  • Duerme lo suficiente: Un descanso reparador es crucial para la regeneración de todo nuestro organismo, incluido nuestro sistema digestivo.

5. Limita a los «Enemigos» de tu Flora
  • Ultraprocesados: Los alimentos ricos en azúcares refinados, grasas de mala calidad y aditivos pueden alterar el equilibrio de tu microbiota.

  • Alcohol y tabaco: Su consumo excesivo es perjudicial para la salud en general y para la intestinal en particular.

  • Uso indiscriminado de antibióticos: Si bien son herramientas vitales para combatir infecciones, los antibióticos pueden arrasar tanto con las bacterias malas como con las buenas. Úsalos siempre bajo prescripción médica y considera tomar probióticos durante y después del tratamiento para ayudar a repoblar tu flora.

Cuidar de tu flora intestinal es una de las inversiones más inteligentes que puedes hacer en tu salud a largo plazo. No se trata de dietas restrictivas, sino de adoptar un estilo de vida equilibrado y consciente. Empieza con pequeños cambios, escucha a tu cuerpo y, si tienes dudas o síntomas digestivos persistentes, no dudes en consultar a un especialista. Tu universo interior te lo agradecerá.

Un saludo,
Dr. Antonio Ortega Sabater

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Reflujo gastroesofágico: síntomas, diagnóstico y tratamiento

El reflujo gastroesofágico es una de las consultas más frecuentes en digestivo. Se produce cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago, provocando acidez o ardor. Aunque puede parecer un problema leve, cuando los síntomas son continuos afectan a la calidad de vida e incluso pueden causar complicaciones.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

El reflujo ocurre cuando la válvula que separa el esófago del estómago (esfínter esofágico inferior) no cierra adecuadamente. Esto permite que el ácido del estómago suba, irritando la mucosa del esófago.

Muchas personas tienen episodios ocasionales de reflujo, pero cuando los síntomas son frecuentes hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Síntomas del reflujo gastroesofágico

Los síntomas más habituales son:

  • Ardor o quemazón detrás del esternón, sobre todo tras las comidas.

  • Regurgitación de alimentos o líquidos.

  • Sensación de nudo en la garganta o dificultad para tragar.

  • Tos crónica, ronquera o carraspeo (especialmente de noche).

  • Dolor torácico que a veces se confunde con problemas cardíacos.

Si estos síntomas son frecuentes (más de 2–3 veces por semana) es recomendable una valoración médica.

Causas y factores de riesgo del reflujo

El reflujo puede aparecer por múltiples factores, entre ellos:

  • Hernia de hiato.

  • Sobrepeso u obesidad.

  • Tabaco y alcohol.

  • Dieta rica en comidas grasas, fritos, chocolate, café o bebidas con gas.

  • Comer en exceso o acostarse justo después de las comidas.



Diagnóstico del reflujo gastroesofágico

El diagnóstico se basa en la historia clínica y, en muchos casos, en una gastroscopia, que permite ver si hay inflamación (esofagitis) o complicaciones como úlceras.

En casos específicos también se realizan pruebas funcionales:

  • pHmetría esofágica: mide la cantidad de ácido que sube al esófago.

  • Manometría esofágica: valora la función del esfínter esofágico.

Tratamiento del reflujo

El tratamiento suele ser escalonado:

  1. Cambios en los hábitos y dieta

    • Evitar comidas copiosas, grasas, fritos, alcohol, café y chocolate.

    • No acostarse justo después de comer.

    • Elevar la cabecera de la cama.

    • Mantener un peso saludable.

  2. Tratamiento farmacológico
    Los medicamentos más usados son los inhibidores de la bomba de protones (IBP), que reducen la producción de ácido y permiten que el esófago cicatrice.

  3. Tratamientos endoscópicos o quirúrgicos
    En casos seleccionados, cuando la medicación no es suficiente, existen técnicas mínimamente invasivas o cirugía para reforzar el esfínter esofágico y controlar el reflujo.

Prevención y consejos prácticos

Algunos gestos cotidianos ayudan mucho a controlar el reflujo:

  • Comer despacio y masticar bien.

  • Evitar ropa muy ajustada tras las comidas.

  • No fumar ni abusar del alcohol.

  • Mantener una buena higiene del sueño (no cenar tarde ni en exceso).

Cuándo acudir al especialista

Si tienes ardor frecuente, regurgitación, tos crónica o dificultad al tragar, es importante una valoración por digestivo. Un diagnóstico precoz evita complicaciones como esofagitis, úlceras o el llamado esófago de Barrett.

En consulta valoraremos tu caso y te indicaremos las pruebas y el tratamiento más adecuado.

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