Intolerancias alimentarias y celiaquía: síntomas, diagnóstico y tratamiento

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El
síndrome de Las intolerancias alimentarias y la celiaquía son problemas digestivos frecuentes que pueden provocar síntomas molestos como gases, dolor abdominal, diarrea o hinchazón.

 Aunque muchas veces se confunden, no todas son iguales: la celiaquía es una enfermedad autoinmune, mientras que otras intolerancias, como la lactosa o la fructosa, se deben a dificultades para digerir ciertos nutrientes.

Un buen diagnóstico es fundamental para identificar la causa y evitar restricciones innecesarias en la dieta.

¿Qué son las intolerancias alimentarias?

Las intolerancias ocurren cuando el aparato digestivo no es capaz de digerir correctamente un componente de los alimentos.
 Las más frecuentes son:

  • Intolerancia a la lactosa: el intestino no produce suficiente lactasa, enzima que digiere la lactosa de la leche.
  • Intolerancia a la fructosa: dificultad para absorber la fructosa, presente en frutas, miel y algunos productos industriales.
  • Sensibilidad al gluten no celíaca: síntomas similares a la celiaquía pero sin daño intestinal ni anticuerpos positivos.
¿Qué es la celiaquía?

La celiaquía es una enfermedad autoinmune en la que la ingesta de gluten (proteína presente en trigo, cebada, centeno y avena contaminada) provoca una reacción del sistema inmunitario que daña el intestino delgado.
 Es crónica y requiere una dieta estricta sin gluten de por vida.

Síntomas de intolerancias y celiaquía

Los síntomas pueden variar en intensidad y no siempre aparecen de la misma forma en cada persona:

  • Hinchazón y gases.
  • Dolor abdominal.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Náuseas.
  • Fatiga crónica.
  • En la celiaquía, además, déficit de hierro, pérdida de peso o alteraciones en la piel.

En niños, la celiaquía puede provocar retraso del crecimiento y bajo rendimiento escolar.

Diagnóstico de intolerancias y celiaquía

El diagnóstico es clave para evitar dietas restrictivas innecesarias:

  • Pruebas respiratorias: detectan intolerancia a lactosa o fructosa midiendo la cantidad de hidrógeno en el aliento tras ingerir una dosis de prueba.
  • Análisis de sangre y anticuerpos específicos: fundamentales para el estudio de la celiaquía.
  • Endoscopia con biopsia intestinal: confirma el daño en el intestino delgado en pacientes con sospecha de celiaquía.

Tratamiento de las intolerancias y la celiaquía

  1. Intolerancia a la lactosa o fructosa
    • Ajustar la dieta, limitando la cantidad de alimento que desencadena los síntomas.
    • En algunos casos, el uso de enzimas (como lactasa en pastillas) puede mejorar la digestión de la lactosa.
  2. Sensibilidad al gluten no celíaca
    • Adaptar la dieta según tolerancia, bajo supervisión médica, evitando restricciones excesivas.
  3. Celiaquía
    • Seguir una dieta estricta sin gluten durante toda la vida.
    • Requiere controles periódicos para asegurar la recuperación intestinal y prevenir complicaciones (osteoporosis, anemia, mayor riesgo de ciertos tumores si no se trata).

Consejos prácticos para pacientes

  • No retirar alimentos de la dieta sin un diagnóstico previo.
  • Leer bien las etiquetas de los productos (especialmente en celiaquía).
  • Mantener una dieta equilibrada con la ayuda de un especialista en digestivo y nutrición.
  • Consultar siempre que los síntomas persistan pese a los cambios en la alimentación.
Cuándo acudir al especialista

Si tras comer ciertos alimentos tienes hinchazón, gases, diarrea o dolor abdominal frecuentes, o si sospechas celiaquía, es fundamental acudir al digestivo para un estudio completo.
 Un diagnóstico adecuado mejora la calidad de vida y evita complicaciones a largo plazo.

Un saludo,
Dr. Antonio Ortega Sabater

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Reflujo gastroesofágico: síntomas, diagnóstico y tratamiento

El reflujo gastroesofágico es una de las consultas más frecuentes en digestivo. Se produce cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago, provocando acidez o ardor. Aunque puede parecer un problema leve, cuando los síntomas son continuos afectan a la calidad de vida e incluso pueden causar complicaciones.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

El reflujo ocurre cuando la válvula que separa el esófago del estómago (esfínter esofágico inferior) no cierra adecuadamente. Esto permite que el ácido del estómago suba, irritando la mucosa del esófago.

Muchas personas tienen episodios ocasionales de reflujo, pero cuando los síntomas son frecuentes hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Síntomas del reflujo gastroesofágico

Los síntomas más habituales son:

  • Ardor o quemazón detrás del esternón, sobre todo tras las comidas.

  • Regurgitación de alimentos o líquidos.

  • Sensación de nudo en la garganta o dificultad para tragar.

  • Tos crónica, ronquera o carraspeo (especialmente de noche).

  • Dolor torácico que a veces se confunde con problemas cardíacos.

Si estos síntomas son frecuentes (más de 2–3 veces por semana) es recomendable una valoración médica.

Causas y factores de riesgo del reflujo

El reflujo puede aparecer por múltiples factores, entre ellos:

  • Hernia de hiato.

  • Sobrepeso u obesidad.

  • Tabaco y alcohol.

  • Dieta rica en comidas grasas, fritos, chocolate, café o bebidas con gas.

  • Comer en exceso o acostarse justo después de las comidas.



Diagnóstico del reflujo gastroesofágico

El diagnóstico se basa en la historia clínica y, en muchos casos, en una gastroscopia, que permite ver si hay inflamación (esofagitis) o complicaciones como úlceras.

En casos específicos también se realizan pruebas funcionales:

  • pHmetría esofágica: mide la cantidad de ácido que sube al esófago.

  • Manometría esofágica: valora la función del esfínter esofágico.

Tratamiento del reflujo

El tratamiento suele ser escalonado:

  1. Cambios en los hábitos y dieta

    • Evitar comidas copiosas, grasas, fritos, alcohol, café y chocolate.

    • No acostarse justo después de comer.

    • Elevar la cabecera de la cama.

    • Mantener un peso saludable.

  2. Tratamiento farmacológico
    Los medicamentos más usados son los inhibidores de la bomba de protones (IBP), que reducen la producción de ácido y permiten que el esófago cicatrice.

  3. Tratamientos endoscópicos o quirúrgicos
    En casos seleccionados, cuando la medicación no es suficiente, existen técnicas mínimamente invasivas o cirugía para reforzar el esfínter esofágico y controlar el reflujo.

Prevención y consejos prácticos

Algunos gestos cotidianos ayudan mucho a controlar el reflujo:

  • Comer despacio y masticar bien.

  • Evitar ropa muy ajustada tras las comidas.

  • No fumar ni abusar del alcohol.

  • Mantener una buena higiene del sueño (no cenar tarde ni en exceso).

Cuándo acudir al especialista

Si tienes ardor frecuente, regurgitación, tos crónica o dificultad al tragar, es importante una valoración por digestivo. Un diagnóstico precoz evita complicaciones como esofagitis, úlceras o el llamado esófago de Barrett.

En consulta valoraremos tu caso y te indicaremos las pruebas y el tratamiento más adecuado.

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