Patología hepática: hígado graso, hepatitis y cirrosis

liver model with pill drug treatment, cirrhosis, liver cancer, f


El hígado es un órgano esencial que participa en el metabolismo, la digestión y la desintoxicación del organismo. Las enfermedades hepáticas son muy frecuentes y, muchas veces, silenciosas en sus fases iniciales. Entre las más habituales encontramos el hígado graso, las hepatitis y la cirrosis.

Hígado graso (esteatosis hepática)

Es la acumulación de grasa en el hígado, muchas veces relacionada con el sobrepeso, la diabetes o el colesterol alto.
 En la mayoría de los casos no da síntomas, pero puede evolucionar a inflamación (esteatohepatitis), fibrosis y cirrosis.
Diagnóstico: ecografía abdominal y pruebas no invasivas como el FibroScan, que mide la elasticidad del hígado.
 Tratamiento: pérdida de peso, ejercicio físico regular, dieta mediterránea y control de factores de riesgo (azúcar, colesterol, tensión arterial).

Hepatitis

La hepatitis es la inflamación del hígado, que puede deberse a infecciones virales (hepatitis A, B, C, etc.), tóxicos (alcohol, fármacos), autoinmunidad o hígado graso avanzado.
Síntomas más frecuentes: cansancio, ictericia (piel y ojos amarillos), orina oscura, dolor abdominal.
Diagnóstico: análisis de sangre, serologías virales y ecografía.
Tratamiento: depende de la causa (antivirales en hepatitis B y C, inmunosupresores en hepatitis autoinmune, abstinencia en hepatitis alcohólica).

Cirrosis hepática

Es la fase avanzada de muchas enfermedades hepáticas, cuando el hígado desarrolla cicatrices (fibrosis) que alteran su función.
 Puede dar lugar a complicaciones graves como ascitis (líquido en el abdomen), varices esofágicas o cáncer de hígado.
Diagnóstico: análisis de función hepática, ecografía y FibroScan.
Tratamiento: control estricto de la enfermedad de base, dieta adaptada, medicación para complicaciones y, en casos avanzados, trasplante hepático.

Cuándo acudir al especialista

Se recomienda revisión digestiva si existen factores de riesgo como obesidad, diabetes, consumo excesivo de alcohol o antecedentes familiares de enfermedad hepática.
 Un diagnóstico precoz permite frenar la progresión y prevenir complicacionesUn saludo,

Un Saludo,
Dr. Antonio Ortega Sabater

Scroll al inicio

Reflujo gastroesofágico: síntomas, diagnóstico y tratamiento

El reflujo gastroesofágico es una de las consultas más frecuentes en digestivo. Se produce cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago, provocando acidez o ardor. Aunque puede parecer un problema leve, cuando los síntomas son continuos afectan a la calidad de vida e incluso pueden causar complicaciones.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

El reflujo ocurre cuando la válvula que separa el esófago del estómago (esfínter esofágico inferior) no cierra adecuadamente. Esto permite que el ácido del estómago suba, irritando la mucosa del esófago.

Muchas personas tienen episodios ocasionales de reflujo, pero cuando los síntomas son frecuentes hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Síntomas del reflujo gastroesofágico

Los síntomas más habituales son:

  • Ardor o quemazón detrás del esternón, sobre todo tras las comidas.

  • Regurgitación de alimentos o líquidos.

  • Sensación de nudo en la garganta o dificultad para tragar.

  • Tos crónica, ronquera o carraspeo (especialmente de noche).

  • Dolor torácico que a veces se confunde con problemas cardíacos.

Si estos síntomas son frecuentes (más de 2–3 veces por semana) es recomendable una valoración médica.

Causas y factores de riesgo del reflujo

El reflujo puede aparecer por múltiples factores, entre ellos:

  • Hernia de hiato.

  • Sobrepeso u obesidad.

  • Tabaco y alcohol.

  • Dieta rica en comidas grasas, fritos, chocolate, café o bebidas con gas.

  • Comer en exceso o acostarse justo después de las comidas.



Diagnóstico del reflujo gastroesofágico

El diagnóstico se basa en la historia clínica y, en muchos casos, en una gastroscopia, que permite ver si hay inflamación (esofagitis) o complicaciones como úlceras.

En casos específicos también se realizan pruebas funcionales:

  • pHmetría esofágica: mide la cantidad de ácido que sube al esófago.

  • Manometría esofágica: valora la función del esfínter esofágico.

Tratamiento del reflujo

El tratamiento suele ser escalonado:

  1. Cambios en los hábitos y dieta

    • Evitar comidas copiosas, grasas, fritos, alcohol, café y chocolate.

    • No acostarse justo después de comer.

    • Elevar la cabecera de la cama.

    • Mantener un peso saludable.

  2. Tratamiento farmacológico
    Los medicamentos más usados son los inhibidores de la bomba de protones (IBP), que reducen la producción de ácido y permiten que el esófago cicatrice.

  3. Tratamientos endoscópicos o quirúrgicos
    En casos seleccionados, cuando la medicación no es suficiente, existen técnicas mínimamente invasivas o cirugía para reforzar el esfínter esofágico y controlar el reflujo.

Prevención y consejos prácticos

Algunos gestos cotidianos ayudan mucho a controlar el reflujo:

  • Comer despacio y masticar bien.

  • Evitar ropa muy ajustada tras las comidas.

  • No fumar ni abusar del alcohol.

  • Mantener una buena higiene del sueño (no cenar tarde ni en exceso).

Cuándo acudir al especialista

Si tienes ardor frecuente, regurgitación, tos crónica o dificultad al tragar, es importante una valoración por digestivo. Un diagnóstico precoz evita complicaciones como esofagitis, úlceras o el llamado esófago de Barrett.

En consulta valoraremos tu caso y te indicaremos las pruebas y el tratamiento más adecuado.

Pedir cita